Todo comenzó todavía siendo una niña.
Quizás cuando medía algo más de un metro de altura, la danza y la música se consolidaron en mi día a día ayudándome a sentirme segura de mi misma, acogida y con confianza. Fue clave el poder expresarme y comunicarme por medio del movimiento.
Hoy en día reconozco que no solo logré crear condiciones beneficiosas y vivir con mayor autoestima y alegría sino que el movimiento también contribuyó a mi salud y que obviamente por entonces, como niña y adolescente, ignoraba.


